Por qué producir vídeos cuesta lo que cuesta
Quién no se ha encontrado alguna vez con un cliente que dice: “Ese vídeo se graba en una hora” (el vídeo consiste en pasear un transatlántico por la Castellana en Madrid). Claro, él lo que cuenta como vídeo es pulsar Rec para grabar y luego para parar. En un vídeo hay mucho más aparte de plantar una cámara y pulsar un par de botones, todo lo que se ve delante y lo que no se ve detrás necesita una planificación milimetrada. Por esta razón producir vídeos cuesta lo que cuesta.

El tiempo es caro (algo intuía Einstein)
Un vídeo no empieza cuando se enciende la cámara ni termina cuando se grita “¡corten!”. Hay reuniones previas, guiones, localizaciones, pruebas, permisos, planificación y revisión. Muchas horas que no se ven… pero que deben hacerse. Cualquier retraso en un departamento puede provocar que todo se retrase en cadena. Y hay ciertas cosas que necesitan prepararse con una gran antelación, por ejemplo, los permisos para grabar con niños podrían llevar una o dos semanas. Eso impide plantear rodajes por impulso de: “pilla dos niños y lo grabamos ahora”.

El equipo humano (come, bebe y descansa)
Cámara, sonido, iluminación, maquillaje, redacción, dirección, edición… No es que seamos muchos por capricho, es que cada rol existe para que el resultado no parezca improvisado. Cada rodaje necesita el número que necesita y tienen que coordinarse, comer y descansar como esté estipulado. Menos personas suele significar más errores y más horas después arreglando cosas. Si la decoración de una sala se le adjudica a una persona que no es de arte, el resultado seguramente será mejorable. Y cuantas más personas, más complicado es coordinar todo y que no aparezca un “despistado” a su aire.

El equipamiento (tecnología de uso constante)
Cámaras, ópticas, micros, luces, trípodes, baterías, tarjetas, ordenadores potentes… Todo ese material cuesta dinero, mantenimiento y renovación constante. Y no, no se amortiza solo “porque sí”. Por ejemplo, construir un plató como The Game Room no es nada barato, aunque sean cuatro paredes. Hay que acondicionarlo y recuperar esa inversión lleva su tiempo, años incluso, alquilándolo a precios justos, competitivos y que permitan amortizar esa apuesta poco a poco. Esto mismo pasa con absolutamente todo el material propio. También se puede alquilar a empresas externas, pero entonces el precio competitivo desaparecería.

La producción (lo primero que quitan los clientes)
Este merece mención aparte. El servicio de producción es el que:
- Busca y coordina al equipo adecuado
- Busca localizaciones de rodaje
- Busca atrezo, objetos, necesidades especiales
- Pide permisos de rodaje
- Pide -y mantiene a raya- presupuestos
- Prepara los contratos
- Organiza calendarios
- Ajusta tiempos para abaratar costes
- Resuelve imprevistos
- Evita que todo se vaya al traste
Curiosamente, es uno de los primeros conceptos que algunos clientes intentan eliminar porque no lo entienden… aunque sea quien hace que todo funcione. Quitar producción es como quitar al cocinero y esperar que la cena se haga sola.

La postproducción (los sufridores)
Editar, corregir color, ajustar sonido, exportar versiones, hacer cambios (sí, esos cambios). Aquí es donde el vídeo toma forma definitiva y donde más tiempo se suele invertir. Todo lo que no se ha hecho o pensado en el rodaje, se tiene que arreglar aquí. Y si te toca un cliente que no lo tiene claro, pensará que esto es tan sencillo como hacen Hollywood o que se puede solucionar con IA. Por eso, siempre decimos que hay que dejarlo lo mejor posible en el rodaje, si no, los tiempos y costes se asumirán después y bloquearán personal y salas de postproducción.
Ya sabes, producir vídeos cuesta lo que cuesta porque hacerlo bien requiere profesionales, planificación y recursos. No es un gasto, es una inversión para que el resultado esté a la altura de lo que quieres contar, y lo que quieres que vea tu audiencia. Y si te sigue pareciendo fácil… ¡siempre puedes probar a hacerlo tú un fin de semana!
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